De la cantidad de empresas que, desgraciadamente, se encuentran en concurso de acreedores o deben afrontarlo, hay algunas que tienen un buen negocio, con un margen adecuado, con producto y mercado con recorrido e instalaciones adecuadas y que se ven abocadas al concurso como consecuencia de una situación de asfixia financiera o por circunstancias a veces ajenas a las propias de la explotación.Los procesos concursales, a pesar de las últimas modificaciones, son lentos y mientras tanto la empresa se va deteriorando a velocidad exponencial, con lo que al final no queda más alternativa que la liquidación. Asimismo, en la actualidad hay cada vez más empresas que firmaron un convenio de acreedores hace pocos años y ahora no pueden cumplirlo, con lo que se van abocadas a la liquidación.

Sin embargo, dentro de esta situación dramática, en ocasiones existe la posibilidad de “salvar los muebles” y, sobre todo, una parte del empleo, si se consigue que alguien adquiera la unidad productiva o una unidad de negocio de la concursada. Ahora bien,  cuanto antes se inicie este proceso menor será el deterioro de la actividad y, por consiguiente, en ocasiones es aconsejable ir directamente a la liquidación, sin pasar por el proceso de convenio de acreedores, lo cual puede representar un ahorro de tiempo considerable, que en ocasiones puede ser incluso de un año o más.

¿Por qué esta opción representa una oportunidad para todas las partes implicadas?

Para la concursada: porque se salva una parte de los empleos afectados (ahorro de indemnizaciones para el FOGASA) e incluso puede obtener recursos para afrontar parte de la deuda concursal.

Para los trabajadores: porque todos o al menos parte de ellos conservan su empleo

Para la administración: porque se ahorra indemnizaciones y se reinicia una actividad que generará ingresos tributarios y sociales

Para los acreedores: porque tienen la oportunidad de limitar parcialmente la pérdida que supondría el cese total de la actividad.

Y finalmente para el inversor: porque tiene la oportunidad de desarrollar una actividad con altas expectativas de rentabilidad.

En este sentido hay que tener en cuenta que el inversor asume un riesgo considerable que comporta todo  proceso de reconversión industrial y, por tanto que debe llevar aparejado una expectativa de rentabilidad importante, netamente superior al de una actividad en condiciones normales.

Hay numerosas experiencia positivas recientes entra las que podemos destacar: Cacaolat, Hitecsa, Protasa, Capresa y Mecanotubo en Barcelona en 2012.