Por Francisco Wendt, director general de BAKER TILLY GDA

Se ha dicho por activa y por pasiva que nuestras Pymes son demasiado pequeñas para ser competitivas en las condiciones actuales. Es cierto y las estadísticas lo confirman: de las empresas españolas que facturan hasta 30 millones de euros, el 94,5% factura menos de 10 millones; mientras que en Italia es un 62,3 % y en Francia un 59,8 %. A este hecho hay que añadir el grado de capitalización. En España, de esa misma muestra, un 32,3% no superaba el 25 % de fondos propios respecto al total del pasivo.

Hay dos razones estructurales que explican esta situación. En cuanto al tamaño, la resistencia atávica (aunque recientemente en regresión) de muchos de nuestros empresarios a compartir la propiedad de sus empresas, particularmente por parte de los que podríamos considerar “seniors”, es decir, la generación de empresarios de, digamos, mayores de 50 años. No ha habido en este país una cultura empresarial de compartir, de asociarse para crecer y adquirir mayor dimensión, como la que predomina en otros países, particularmente en el mundo anglosajón. Sin embargo, en los años recientes, muy probablemente debido la situación de crisis que sufrimos desde 2008, se está produciendo un cambio de mentalidad. A ello también ha contribuido decisivamente la creciente actividad de empresas dedicadas a las fusiones y adquisiciones. Estas compañías tienen la capacidad de abrir el horizonte a los empresarios ofreciéndoles muchas alternativas para crecer y desarrollarse sin recurrir a la tradicional financiación bancaria que, por otro lado, se ha reducido considerablemente por razones de todos conocidas.

Respecto a la infracapitalización, históricamente y hasta el estallido de la crisis, lo habitual era recurrir a la financiación bancaria para financiar el crecimiento y como el acceso al crédito era relativamente fácil, particularmente en los años anteriores  a la crisis, era mejor pedir dinero al banco que ponerlo del propio bolsillo o recurrir a socios a los que siempre hay que dar explicaciones. Respecto al recurso a la financiación, se producía frecuentemente la paradoja de que los bancos pedían garantías personales a los empresarios, de modo que, aunque no ponían dinero propio, comprometían su patrimonio, con lo cual acababan financiado indirectamente sus empresas.

La crisis y la iniciativa emprendedora han empezado a cambiar este panorama. Los empresarios jóvenes son mucho más abiertos a buscar asociaciones, entre otras cosas porque si no no pueden sacar adelante sus proyectos, a lo que hay que añadir una gama creciente de alternativas financieras, desde los business angels, fondos de capital semilla, fondos de crecimiento, fondos de reestructuración, de capital riesgo, etc.

Todo ello contribuirá necesariamente (esperemos) a un progresivo y necesario cambio de mentalidad por parte del mundo empresarial Pyme absolutamente obligatorio para la modernización de nuestro parque empresarial.

DIARI-GIRONA